Siempre hemos vivido en la miseria, y nos acomodaremos a ella por algún tiempo. Pero no olvide que los obreros son los únicos productores de riqueza. Somos nosotros, los obreros, los que hacemos marchar las máquinas en las industrias, los que extraemos el carbón y los minerales de las minas, los que construimos ciudades…¿Por qué no vamos, pues, a construir y aún en mejores condiciones para reemplazar lo destruido? Las ruinas no nos dan miedo. Sabemos que no vamos a heredar nada más que ruinas, porque la burguesía tratará de arruinar el mundo en la última fase de su historia. Pero -le repito- a nosotros no nos dan miedo las ruinas, porque llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones. Ese mundo está creciendo en este instante.

B. DURRUTI

miércoles, septiembre 28, 2011

Insurreccion.mpg

Confesiones de un asesino financiero.

LA CRISIS NO ES EL PROBLEMA EL PROBLEMA ES EL SISTEMA


El proximo sabado 1 de octubre en Cádiz a las 12 h tendrá lugar el comienzo de la manifestación organizada por el SOV de Cádiz de CNT contra el paro y los recortes.Seremos los trabajadores y trabajadoras sin subvenciones y que no tenemos ningún privilegio con respecto al resto (liberados/as) los que salgamos a las calles de la ciudad de Cádiz para mostrar nuestra total oposición al paro y los recortes, a los que se han producido y a los que vienen. Para salir a la calle, la anarcosindical no necesita de liberados ni subvención alguna del Estado, ni salir de l@s que se benefician de esta, porque ellos no quieren el fin del sistema que nos oprime solo aspiran a la adaptación a el.Por eso compañero/a acude a la manifestación anarcosindicalista que tendrá lugar en la ciudad de Cádiz el proximo sabado 1 de octubre y que se iniciará en la Plaza San Juan de Dios, porque el problema no es la crisis , el problema es el sistema.Acude y difunde. Contra el paro y los recortes organizate y lucha en CNT.

domingo, septiembre 25, 2011

"Documento de análisis y propuesta anarquista ante la coyuntura electoral argentina"


“Votar es abdicar”
Élisée Reclus
Nuestros sueños no caben en sus urnas
Alguna vez se ha dicho que si las elecciones sirvieran para algo estarían prohibidas. No solo no están prohibidas sino que son obligatorias. Es obligación de los oprimidos elegir a sus opresores.
La paradoja es que sirven para algo; las elecciones son uno de los mecanismos que tienen los de arriba para legitimar su gobierno sobre las mayorías. Dentro de las reglas de juego del sistema tenemos la posibilidad de elegir a quienes nos continúen dominando por unos cuantos años más. Es evidente que las elecciones son una herramienta del sistema para perpetuarse. El mostrarse como el único camino posible para un cambio social es otro de los logros de la clase dominante, es parte de la construcción de su poder.
Hace 10 años atrás la desconfianza en el sistema y su clase política recorría vastos sectores de la sociedad; asambleas populares, fabricas recuperadas, movimientos de desocupados ocuparon el centro de la escena política como exponentes de búsquedas de construcción no institucionales. La organización de base y asamblearia se mostró como un camino posible para ir construyendo un poder propio de la clase oprimida y explotada. Pero los de arriba supieron revertir en buena medida esa situación y poco a poco los políticos y representantes del poder pudieron exhibirse nuevamente en las vidrieras del mercado electoral.
No se fue ninguno. Volvieron, pero eso sí un poco más maquillados, unos de progresismo, o con banderas de DDHH recién estrenadas. El sistema aprende rápido nuevos discursos y así los represores pueden defender los DDHH, los neoliberales hablar un dialecto más populista y todos juntos entrar por la puerta grande de una institucionalidad que pasó por un mal momento pero que se recuperó.
Hoy una vez más como cada 2 o 4 años se pone en funcionamiento de forma ostensiblemente burda, toda la maquinaria de legitimación del sistema de dominación. Y la ficción se termina de constituir cuando se apela a la idea de que éste es nuestro gran ámbito de participación “ciudadana y democrática”, en donde definimos nuestro destino como sociedad, pero que en realidad ponemos en manos de otros para nosotros volver a refugiarnos en la pasividad de nuestras vidas particulares.
Por supuesto que no somos necios y sabemos que cada coyuntura tiene su singularidad y que existen disputas de intereses y proyectos, disputas de las cuales los que sostenemos un proyecto de ruptura revolucionaria con perspectiva anarquista no estamos ajenos, pero que creemos que la tenemos que dar en los escenarios y con los métodos acordes a nuestra estrategia de lucha y construcción de nuevas realidades sociales.

O votamos por los de arriba…
La idea de que hay que tener una pata institucional se apodero de todos. Los gobiernos populares de Venezuela y Bolivia son los paradigmas de un poder popular que puede construirse desde el Estado Este paradigma termina estructurando la falsa dicotomía, que los mismos gobiernos y partidos instalan, de tener que estar apoyando el proceso estatal o hacerle el juego a la derecha. Sin embargo los principios reguladores de nuestras fuerzas sociales deben ser guiados por la independencia de clase como histórico antídoto a esta realidad que se presenta dicotómica y ambivalente.
Como lo señalara hace unos años uno de los referentes del EZLN el Subcomandante Marcos: estos gobiernos de izquierda en Latinoamérica “son sólo momentos que pasan porque se trata de una nueva estrategia del capitalismo, porque las condiciones del pueblo en nada han cambiado”.
En concordancia con el resto de Latinoamérica, a nivel local el proceso histórico kirchnerista (ahora cristinista) a lo largo de 8 años y a punto de arrancar su 3º período de gobierno ha conseguido un reordenamiento institucional del Estado pos 2001.
A través de una retórica nacionalista “popular” y el ofrecimiento de recursos y cargos logró atraer a su proyecto a parte del empresariado, la burocracia sindical, grupos de DDHH, partidos de la izquierda, artistas e intelectuales, manteniendo al mismo tiempo firme la alianza –que heredó de las manos de Duhalde para llegar al poder- con lo más denso del PJ, los barones del conurbano y los gobernadores feudales.
Todo esto bastó para que los espacios populares independientes quedemos relegados a la marginalidad política y a la fragmentación. No obstante hay un camino recorrido de experiencias de lucha desde los 90 para acá.
Sectores de trabajadores tercerizados de servicios, transporte y telecomunicaciones vienen llevando a cabo peleas por visibilizar su problemática generando alternativas de organización gremial. Los desocupados confrontando con la acción directa en la calle están generando nuevas formas de trabajo autogestivo y cooperativo sin tener que depender de las dádivas del estado. Las ocupaciones de tierras para vivir de los pueblos originarios son expresiones cabales de resistencia a la exclusión social imperante que no da respuesta a la falta de vivienda.

O luchamos desde abajo…
Para los anarquistas que nos consideramos parte del anarquismo social y revolucionario el camino consiste en la destrucción del Estado en tanto especial ámbito institucional de dominación, que produce y reproduce éstas relaciones, y en la supresión de las formas gubernamentales que constituyen un poder que expropia y aliena la capacidad instituyente del conjunto de la población.
Para esto es imprescindible gestar espacios de socialización en donde la participación social activa sea un quehacer cotidiano y no un mero “acontecimiento” cada tanto periodo de tiempo. En términos de realización libertaria, esto quiere decir que el poder político asume la forma de una democracia directa, que es diferente a la meramente representativa, ejercida desde las instituciones de base y las instancias globalizadoras que las expresan, donde el poder circula por todo su entramado, desde abajo, en forma dinámica, sin dar lugar a cristalizaciones que establezcan nuevas relaciones de dominación.
Desde nuestra perspectiva las organizaciones de base no son la masa de maniobra ni tampoco la pata complementaria de los espacios institucionales; para nosotros son el embrión de un poder propio de la clase oprimida, la puesta en práctica de una praxis prefigurativa libertaria que combatiendo al Estado pueda ser alternativa de organización social desde abajo.
El tránsito hacia una sociedad distinta, nueva, lo tenemos que hacer desde esta vieja. Pero la experiencia histórica indica que hay medios, orientaciones, uso de instrumentos, utilización de instituciones, formas de organización de actividades sociales, que deben ser desechados si es que queremos ir conformando fuerzas político-sociales capaces de producir cambios verdaderos en las formas de organización social, política y económica.
Un proceso de ruptura revolucionaria tiene como condición, a nuestro parecer, que sea encarado desde los oprimidos y explotados, desde los que sufren el rigor del sistema, desde los que resisten, crean y buscan formas organizativas para defenderse y avanzar.
La tarea de remover lo viejo, deconstruir su estructura, es tarea diaria y no puntual y episódica. Tarea que debe hacerse en el seno de las diversas expresiones de la clase oprimida y explotada, procurando la mayor sintonía con inquietudes y urgencias sentidas para que esa condición necesaria de participación esté presente.
Nuestro anarquismo implica una relación de disputa con el estado y demás instituciones del sistema, desde nuestra propia trinchera, vinculada a múltiples luchas, políticas, reivindicativas, teniendo bien firme el norte, la acumulación de fuerzas, de organización autónoma, de conciencia, en función de ir construyendo ese poder propio de los de abajo, que es antagónico al de los de arriba, imprescindible para encarar un proyecto de ruptura en términos de una sociedad libre, organizada desde abajo, autogestionaria, federativa, sin relaciones mediadas por la dominación, sin clases y sin estado.
Nos organizamos y luchamos: por fuera del estado; llevando adelante la acción directa y la autonomía, promoviendo la organización federativa.
Nos organizamos y luchamos contra el capitalismo y las instituciones que lo sostienen
Nos organizamos y luchamos para ser realidad nuestros sueños de una sociedad sin oprimidos y opresores.
Nos organizamos y luchamos contra el estado por la revolución social y la anarquía
Nos organizamos y luchamos por que nuestros sueños no caben en sus urnas!

Abajo el Estado!
Arriba lxs que luchan!
Viva la Anarquía!


Anarquistas de Fiske Menuko (Rio Negro)

Movimiento Libertario Anarquista - Juventud Anarquista del Tucumán

Grupo Anarquista Córdoba Libertaria (Córdoba capital)

Anarquistas de San Francisco (provincia de Córdoba)

Inti Llancaj (La Rioja)

Anarquistas de San Luis

Espacio de Formación y Difusión Libertaria (Paraná, Entre Ríos)

Anarquistas de Resistencia (Chaco)

Anarquistas de Villa Ángela (Chaco)

Anarquistas de Villa Constitución (Santa Fe)

Anarquistas de Rojas (provincia de Buenos Aires)

Anarquistas de Colón (provincia de Buenos Aires)

Federación Anarco-Comunista de Argentina
(columnas zonales Capital Federal, Oeste del Conurbano Bonaerense y Rosario de Santa Fe)

miércoles, septiembre 14, 2011

martes, septiembre 13, 2011

miércoles, septiembre 07, 2011

Por qué no queremos a la clase política


Los anarquistas no queremos a los políticos. Algo bastante común, si echamos un ojo a las encuestas que ellos mismos hacen: nadie les cree una palabra, son considerados corruptos o tendentes a la corrupción, no confiamos en que solucionen nada y sacan unas notas en valoración que ni Jaimito. Un desastre. Y eso que las encuestas las encargan ellos para hacernos saber qué pensamos nosotros. Pero los anarquistas también creemos alguna otra cosa y queremos compartirla contigo. Para empezar, estamos tan cansados como tú de tener a los políticos hasta en la sopa.
Cualquier memez que se les ocurra la tenemos que soportar repetida cien veces; cada una de sus peleas de patio de manicomio nos la tragamos una y otra vez: si se llevan bien, si se llevan mal, si uno ha dicho y otro ha respondido, si esto y si lo otro… Su vida y sus reflexiones simplonas a todas horas en los medios de comunicación, probablemente para hacerse valer y que estemos pendientes de esas cositas que ocultan lo que realmente son.
Porque, ¿qué es un político? Es una persona que decidió no trabajar como nosotros, separarse de la gente y gobernar, o lo que es lo mismo, organizar la vida de los demás. Hay que tener una personalidad curiosa para dedicarse a eso, sin duda. Pero aceptemos que lo hicieron de buena fe.
Se afiliaron a un partido político y ascendieron hasta la cúpula, que les permitió entrar en uno de los numerosos parlamentos. Ascender en una organización como un partido no es fácil y como la gente no somos tontos lo sabemos: allí donde las decisiones las toman cuatro listos, el que está al lado del que manda es el que triunfa, así que los más pelotas, los más metidos en líos de su partido son los que salen adelante.
Aceptemos (y ya es mucho aceptar) que aun así alguno mantiene la ilusión de mejorar la vida de todos nosotros haciendo leyes que nos beneficien. Pues fíjate tú que se convierten en lo que se llama la clase política. Curioso que en tiempos donde ya no se habla de la clase obrera, ni siquiera de la clase media, se habla de una clase especial para referirse a los políticos. Curioso, pero sabio, porque la cantidad de privilegios que acumulan estos individuos es notable: coches de empresa de lujo, viajes en avión en condiciones estupendas, salarios astronómicos que ellos mismos deciden, jubilaciones anticipadas con muy poquitos años de cotización… una vida bastante diferente de la nuestra. Una clase aparte. Y son estos los que deben conocer la realidad del trabajador para mejorarla. Manda narices. ¿Qué demonios tenemos en común con un tipo que se ventila más de 6000 euros al mes (parlamentarios europeos)? ¿Cómo tienen el morro de decir que son representantes del pueblo? Será del pueblo de los ricos, porque tú me dirás dónde vas a coincidir con alguien que gana ese salario: ¿en el mercado? ¿en el parque? ¿en el autobús por las mañanas? ¿en el polideportivo del barrio?
Total, que nuestro héroe del pueblo ha estado algunos años entrenándose para esta vida intrigando contra sus compañeros para situarse bien en las listas electorales y cuando lo consigue ni se acuerda de cómo vivía cuando era una persona normal. Imposible que confiemos en ellos, claro. Dedicarse a la política es corromperse automáticamente.
Además, los anarquistas no queremos a los políticos no solamente porque sean fáciles de corromper ni porque sean una pandilla de nenes forrados de mala manera a nuestra costa, que también, sino porque se consideran una élite destinada a solucionar nuestras vidas. Un político puede ocupar un ministerio mañana y otro pasado sin tener ni repajolera idea de ninguno de los dos asuntos, pero da igual: legislará, regulará, pondrá impuestos, los quitará o hará lo que le venga en gana, porque es un político. Es su esencia y así hace valer su cargo. Aunque nos hayan llevado al desastre más de una vez; aunque a los trabajadores siempre nos hayan perjudicado sus reformas y sus leyes. Nada de esto les cala porque son la “clase política”, un grupo al margen de la sociedad.
Los anarquistas no queremos que los asuntos que nos afectan los decidan quienes no tienen nada que ver con ellos o incluso quienes generan el problema y por eso estamos en contra de los políticos.
Y me dirás: todo esto ya lo sabía, pero siempre se puede hacer algo, se puede reclamar políticos más honestos o presionar, dialogar con ellos, hacerles entender nuestras necesidades, hacer la política más humana.
Y te diremos: no es posible reclamar políticos de otra pasta, porque el molde en el que se fabrican será el mismo: la misma carrera hasta llegar, las mismas zancadillas y peloteos. No creemos que pueda haber otro modo de hacer política porque si no reciben sueldos astronómicos que les separan de nosotros, se corromperán aceptando presiones económicas, pues toman decisiones que generan mucha pasta y en las que hay muchos intereses. Y tampoco creemos que se pueda dialogar con ellos.
¿Cómo?- me dirás - ¿No aceptáis el diálogo? Pues no, mira tú. Dialogar con un político es como decir que Nadal ha jugado mal y discutirlo con él echando un partido de tenis. Especialistas en dar vueltas al lenguaje, en debatir distrayendo los problemas reales, en hacer que nos perdamos en leyes y disposiciones varias, expertos en marear la perdiz, los políticos tejen una peligrosa red donde el que entre se perderá. O no se consigue nada realmente efectivo o se convierte en uno de ellos.
Los anarquistas queremos por eso dar un aviso a quien esté harto de los políticos pero crea que hay alguna solución dentro del mismo sistema. No la hay. Creer que se puede conseguir algo realmente sustancial haciendo política profesional es ir en contra de la experiencia: si jugamos con sus reglas, perdemos, precisamente porque son sus reglas, es su campo y es su pelota y si quieren se la llevan, sobornan al árbitro y nos echan del estadio.
¿Qué proponemos entonces? Recuperar la política del pueblo, hecha por el pueblo; multiplicar las asambleas en las que los afectados deciden sobre sus problemas, fortalecer organizaciones que no estén pringadas con las heces de los políticos, sin subvenciones que atan ni gente a sueldo que trepa y acaba decidiendo; consolidar alternativas pasando por encima de la clase política, que no se entera de que esto ya está pasando, porque ya no nos engañan.



Coordinadora Anarquista del Noroeste