Siempre hemos vivido en la miseria, y nos acomodaremos a ella por algún tiempo. Pero no olvide que los obreros son los únicos productores de riqueza. Somos nosotros, los obreros, los que hacemos marchar las máquinas en las industrias, los que extraemos el carbón y los minerales de las minas, los que construimos ciudades…¿Por qué no vamos, pues, a construir y aún en mejores condiciones para reemplazar lo destruido? Las ruinas no nos dan miedo. Sabemos que no vamos a heredar nada más que ruinas, porque la burguesía tratará de arruinar el mundo en la última fase de su historia. Pero -le repito- a nosotros no nos dan miedo las ruinas, porque llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones. Ese mundo está creciendo en este instante.

B. DURRUTI

lunes, febrero 24, 2014

Manifiesto de Oviedo: La CNT que queremos



El Sindicato de Oficios Varios de la CNT de Oviedo, reunido en Asamblea General, desea manifestar lo siguiente ante todo el movimiento libertario.


Que la CNT evolucione con los tiempos a medida que incorpora nuevas generaciones de afiliad@s y militantes, no sólo es una posibilidad, sino más bien una necesidad inexcusable y perentoria.


Sin embargo, queremos una organización que cambie para adquirir mayores cotas de democracia directa y horizontalismo, que es lo que pensamos sirve de verdad a la clase trabajadora; y no para transmutarse en un remedo de las organizaciones sindicales y políticas al uso, verticalistas, jerarquizadas, burocratizadas y altamente normatizadas.


Y al expresarnos así, no pretendemos contender con nadie, ni ejercer de oposición de nadie, ni criticar el modo de proceder particular de nadie.


Lo que queremos es una CNT anarcosindicalista, una CNT que no sacrifique sus principios, tácticas y finalidades, su esencia y su carácter, a eventuales apremios de eficacia y modernidad; es decir, que no esté sometida a constantes procedimientos de agilidad y urgencia por cuestiones de “utilidad”, o para no “quedarse descolgada” del “foco mediático”.


Defendemos una organización en la que las decisiones se debatan y consensúen en base a las propuestas que cada cual desee presentar. Nos parece autoritario y de todo punto intolerable el hecho de que secretariados permanentes o plenarias rechacen incluir en el orden del día de los plenos propuestas trabajadas en los sindicatos y vehiculadas orgánica y legítimamente; propuestas que se eliminan por la ley del número de votos o con el simple argumento de que a alguien no “le gustan”.


Además, ¿en qué punto de nuestra normativa se establece que secretari@s o comités puedan valorar o enjuiciar las comunicaciones que a través de ellos se tramitan al resto de la Organización? ¿Acaso haber sido elegid@s por sus sindicatos de pertenencia les faculta para exhibir sus opiniones ante todos los demás?


Nosotros pensamos que no; en absoluto. Normativamente l@s secretari@s no puede hacer valer el desempeño de un cargo orgánico para presentar propuestas, sino que deben hacerlo a través de su sindicato, como cualquier otr@ afiliad@. Los secretariados permanentes -de puertas para adentro- no son más que simples órganos de gestión y administración, y por tanto su deber, en cuanto a la información orgánicamente tramitada, es procurar que circule en plazo y limpia de calificaciones y de “sugerencias”.


Hemos de atajar esta deriva ejecutivista. Y asumir ya la responsabilidad que se adquiere “dejando hacer”. O sea, que solemos justificar en base a la supuesta buena voluntad de l@s compañer@s que, desde las secretarías, “se dejan la piel en bien de la Organización”.


El bien de la Organización -y el necesario trabajo militante- corresponde asumirlo a toda la afiliación. A las secretarías sólo les compete coordinar la labor colectiva de los sindicatos para que puedan alcanzarse los objetivos comunes propuestos.


El anarcosindicalismo debe ser ajeno a comités ejecutivos. Y al poder que da el dinero. Por eso pensamos que el sistema proporcional de votos del que nos hemos dotado adolece de un grave déficit democrático. Y no por los márgenes de proporcionalidad establecidos, sino porque mientras el número de votos de que dispone un sindicato o una regional dependa de las cotizaciones que en un momento dado pueda comprar, y no del número real de sus afiliad@s, ese número siempre podrá ser falseado a poco que se tenga dinero suficiente para ello.


Las cotizaciones no son afiliad@s. Un/una afiliad@ no es su cotización, sino una persona física, con nombre y apellidos y una situación sociolaboral concreta que paga una cuota. Queremos que en la CNT las decisiones sean justas y ponderadas, y no el resultado de proporciones numéricas. Queremos decidir no en base a cuántos somos, sino a quiénes somos. Queremos, en suma, una estadística confederal que garantice que los acuerdos de la CNT son reflejo fiel de la voluntad de tod@s l@s cenetistas.


Sólo así aceptaremos y acataremos cualquier cambio evolutivo que la CNT protagonice. Pero sólo así, y no de otra manera.


Defendemos asambleas y comicios abiertos, esto es, cuyos acuerdos sean fruto de debates legítimos, y no resultado de pactos o consensos previos adoptados por razones de urgencia, utilidad o agilidad por quienes consideran necesario liberar a la CNT de reuniones y discusiones innecesarias; o dirigir sus acuerdos; o aún peor, expurgarla de los sindicatos que no se sometan dócilmente a aquellos.


Ingenuamente o no, nosotros confiamos en la capacidad de los sindicatos para formar individual y colectivamente a sus afiliad@s (en asamblearismo, diálogo y comunicación, jurídica y nóminas, etc. etc.), de suerte que puedan organizar y autogestionar su propia defensa frente al Capital y al Estado. Se entenderá, pues, que hayamos asistido con preocupación a sucesivos nuevos repartos de la cuota de afiliación, los cuales cada vez retraen dinero para más y más conceptos, y dejan menos disponible para los sindicatos.


Y no es que gabinetes y otros cuerpos extraños al cuerpo orgánico nos parezcan malos de por sí, que dependerá de la relación entre su utilidad efectiva y su coste real. Pero lo cierto es que, con los magros ingresos que sostienen a la mayoría de los sindicatos, cualquier gasto extra no puede por menos que venir a hacerlos más dependientes de su regional y, por extensión, del comité confederal.


Sostenemos que sindicatos económicamente inermes, refuerzan una CNT que inevitablemente se deslizará por la pendiente del verticalismo. O sea, una CNT tendente a centralizar la gestión de sus recursos (la edición de su material de prensa y propaganda, por ejemplo), y antes o después, se verá forzada a enajenar patrimonio (locales) para hacer frente a sus deudas.


No somos ni agoreros ni adivinos. Pero lo que venimos observando, no nos anima a pensar algo distinto.


Tampoco nos resulta fácil bucear por una normativa orgánica cada vez más alambicada y sujeta a interpretación interesada. ¡Qué lejos los tiempos en los que en la CNT predominaba el espíritu de la letra y no la letra y su modo de redacción! ¡Si hasta nos hemos dotado de un código sancionador!


No queremos, nos-ne-ga-mos, a que los órdenes del día de nuestras asambleas (de sindicato) estén plagados de temas orgánicos, de puntos que tratar para plenos que han de decidir lo que otros plenos trataron. Simplemente es que tenemos más que hacer: derrotar al Capital y lidiar en desigual lucha contra su brazo ejecutor, el Estado.


Y como sabemos que no luchar contra el Estado supone acabar asimilado por él (mil veces nos lo demuestra la experiencia), no comprendemos bien la convergencia de la CNT con organizaciones estatistas de todo tipo. Sabemos cuál es la excusa: la debilidad de nuestras fuerzas y la urgente necesidad de contrarrestar la creciente y acelerada depauperación de los escasos derechos que amparan a l@s trabajadores/as frente al poder.


Pero no tiene sentido (lo repetiremos: no tiene sentido) mostrar a la CNT como un sindicato diferente, como una alternativa real al modelo sindical establecido, si en la práctica hacemos lo mismo que los demás sindicatos; pero peor hecho, puesto que nos faltan la vocación y los medios.


Por eso no podemos permitirnos el lujo de creer -y permitir que la gente crea- que uno de los principales métodos de lucha de l@s trabajadores/as, la huelga general, consiste en hacer un paro de un día. Ni permitir que ante regulaciones o despidos nuestra principal defensa se reduzca a simple asesoramiento jurídico. Ni intentar boicotear a los burosindicatos en tajos, talleres y fábricas (con independencia de que tengan mayoría o no en los comités de empresa), para luego sumarnos a ellos en la calle sólo porque las reivindicaciones que vocean coinciden con las nuestras.


No podemos renunciar, en definitiva, a la acción directa, que no es ninguna entelequia, sino muy al contrario, la labor concreta de difundir el anarcoasamblearismo (para empezar) allí dondequiera que se reúnan más de dos personas dispuestas a organizarse y luchar por sus derechos.


Defendemos una CNT anarcosindicalista; o sea, no electoralista, ni colaboracionista, libre de injerencias políticas, religiosas o empresariales en sus sindicatos, ajena a liderazgos, castas y profesionalismos.


Defendemos una CNT que no olvide que, además de un sindicato, es parte de un movimiento anarcosindicalista internacional (la AIT), y por ende forma parte de todo un movimiento sociocultural que contribuyó a engendrar ateneos, colectividades, escuelas, imprentas, bibliotecas… y que debe aprestarse a recuperar.


En definitiva, lo que queremos es sencillo: una CNT como modelo a imitar por otras organizaciones, y no al revés. Una organización cuyo rumbo sea el fruto consciente, asambleario y democrático de las decisiones de sus afiliad@s, y no de un@s poc@s. Un órgano de lucha, formación y transformación social llamado a extinguirse y desaparecer cuando consiga sus objetivos revolucionarios, y no antes”.


CNT Oviedo







sábado, febrero 15, 2014

La moda de la rebelión


Sé que a alguna gente incomodará este texto.
Y lo sé porque creo que hay quienes de buena fe que se prestan a estos movimientos y lo hacen de manera sincera. Sin embargo soy fiel al axioma de F. Nietzsche que versa:

"Nada es más necesario que la verdad y, con relación a ella, todo lo demás no tiene más que un valor de segundo orden."
Hablamos de los movimientos al estilo 15M, 25S, indignados, acampada o #Yosoy132 en México.
Pero antes de referirnos a ellos es preciso hacer notar un par de cosas:


Aportaciones históricas sobre el accionar de los gobiernos

Durante el siglo XVIII, XIX y buena parte del XX (por referirnos a épocas más o menos cercanas), los gobiernos censuraban descaradamente aquello que podía afectar a sus intereses. Toda forma de oposición era duramente silenciada.
La guillotina, el cadalso, la cárcel o la simple muerte de los miembros más destacados de una organización opositora era la forma más común de terminar con la oposición al gobierno. Todos estos hechos se reprodujeron tristemente muchas veces en distintos países. La Comuna de 1871 es quizá el más significativo del siglo XIX; eso no quiere decir, sin embargo, que ejecuciones sanguinarias como esa no se hayan reproducido en el siglo XX, ni que tampoco los haya ahora mismo. Podríamos incluso dar un par de ejemplos de cómo en ésta época el gobierno ha actuado de manera similar a sus antecesores del siglo XIX y XX. Nos abstendremos de ello no por otra cosa, sino por no hacer de este texto algo muy extenso, además de ser algo muy visible con tan solo empaparse un poco de los movimientos sociales en cualquier parte del mundo.
La represión descarada y bestial de la oposición, decía, era una práctica cotidiana de los gobiernos. Era la forma cotidiana de acallar las protestas, la crítica y la oposición en cuanto tal.
Sin embargo eso generaba mártires; mártires que eran imitados por muchos otros, lo que provocaba continuas revueltas, huelgas, revoluciones. No faltaron tampoco los vengadores de los caídos: Paulino Pallás, Santiago Salvador Franch, Simón Radowitzky, Ravachol, Vaillant, Miguel Artal, Francisco Sabaté Llopart, Miguel Angiolillo y otros muchos forman parte de esa pléyade de vengadores que hicieron justicia por su propia mano a los verdugos del pueblo (1).
Con el tiempo los gobiernos cayeron en la cuenta de que la censura no hacía sino propagar más aquello que se pretendía silenciar (2). Las organizaciones reprimidas que pasaban a la clandestinidad comúnmente sobrevivían a la represión y, en cuanto podían, regresaban a la luz pública, no sin antes agregar nuevos adeptos y regresar con más bríos a la lucha. Los gobiernos comprendieron entonces que para acabar con la oposición no basta con eliminar a sus miembros más destacados, ni tampoco con reprimirles.
Entendieron bien aquel axioma que versa “A toda acción corresponde una reacción en igual magnitud y dirección pero de sentido opuesto.” (3) y comprendieron a su vez que en lugar de reprimir a la oposición, es necesario anularla.


Ejemplos actuales de intentos de anulación de la revolución

Parte de esos intentos por anular a la oposición es el hecho de que haya grupos liberales y con nexos con el gobierno que se hacen pasar por revolucionarios.
Ejemplos actuales de esto lo tenemos por ejemplo en todos los partidos de izquierda, desde la marxista hasta la liberal, que pretenden hacernos creer que combaten al gobierno… a ese mismo gobierno del cual reciben subvenciones. Organizaciones del tipo Partido Comunista, la FARV en Venezuela o la CGT española son dignos ejemplos de los intentos del gobierno por anular la lucha de los trabajadores con organizaciones que, si bien en el papel y en la palabra reivindican la revolución (4), en realidad no hacen sino servir a los intereses de los enemigos del pueblo, para el cual trabajan, del cual viven, y que no dudarán en defender cuando los trabajadores se alisten para destruir toda forma de dominación; y de ello tampoco faltan numerosos ejemplos en la historia humana.


Deducciones lógicas sobre las consecuencias del actuar del gobierno y complicidad de los movimientos pacifistas

Un recorte presupuestal para una escuela o cualquier otro servicio, un rescate bancario, una subida de impuestos o un encarecimiento de la vida va a generar molestias en la población. Esto lo saben perfectamente los gobiernos y piensan:

“¿Cuál es la mejor forma de anular el descontento en las poblaciones debido a nuestro actuar? ¡Ah!, si tienen que haber protestas, mejor que sean controladas por nosotros, o como mínimo que sean dentro del marco que nos permita controlarlas, es decir, dentro del marco de la ley”

Por esto mismo es que un movimiento que dice “Haremos todo conforme a la ley” es un movimiento que quizá sin saberlo sirve directamente a los intereses del gobierno. Un movimiento que indica desde un comienzo “No somos antisistema” es un movimiento que se pone a lado del polizonte, del cura y del capitalista en contra de quienes deseamos destruir éste sistema de muerte. Un movimiento que dice “Somos pacíficos” es un movimiento que pone la cabeza para ser guillotinada sin responder de ninguna forma; y lo que es peor: arrastra consigo hacia la vergüenza a quienes participan en sus actos, aunque sea sin coincidir con sus puntos de vista, sino simple y sencillamente por participar con el pueblo.
Todos los mencionados anteriormente, al actuar así, no hacen sino hacer más gruesas las cadenas que carga el pueblo; ese mismo pueblo por el que dicen que luchan.
No quiero englobar en estos juicios a la totalidad del movimiento, pues como he dicho antes creo que hay gente sincera.
Pero ¿Qué decir cuando estos movimientos acusan directamente a quienes deciden que se debe hacer frente a las fuerzas de represión del gobierno?
Tenemos por ejemplo el vergonzoso caso del 25’S (5) en España, donde los protocolos para la movilización del 29 de ese mismo mes indican:

“En cualquier momento violento, pedimos a todos “asentada” todos nos sentamos en el suelo, así se verá a gran distancia quien es esa persona, le filmamos la cara, lo señalamos y le gritamos todos "Fuera de Aquí", si hace algo violento dejamos que la policía lo detenga, después nos levantamos y continuamos con la manifestación.”

O cuando en octubre del 2012 durante un acto en solidaridad con los detenidos de la Escuela Normal de Tiripetio donde un grupo de anarquistas se enfrentó a la policía, seguido tal hecho de una declaración que más bien parecía salida de infiltrados de la policía por parte del #Yosoy132:

“La protesta en Insurgentes Sur era pacífica. #YoSoy132 denuncia a enmascarados que iniciaron enfrentamiento con SSP” (6)

Y vaya por delante que este tipo de declaraciones se han respaldado con muchos hechos donde directamente han acusado a compañeros que saliéndose de los límites que impone el Estado, deciden luchar de manera directa enfrentando a las fuerzas de represión.
No es solamente complicidad con el gobierno lo que se nota al leer tales declaraciones, o ver tales hechos. Más que eso, se trata de una dependencia directa a la autoridad, al poder, a la explotación, lo que denotan este tipo de movimientos.
Tales actos demuestran la actitud pacífica a ultranza por parte de estos movimientos. Lo cual no está mal dado que son libres (dentro de los márgenes que permite el Estado; una libertad más simbólica que real) de hacerlo.
A lo que no tienen derecho es a señalar a quienes no comparten sus ideas, entregarlos virtual y anticipadamente a la policía y hacer de custodio de los privilegios a los que supuestamente combaten.
Tienen todo el derecho de disfrutar de una buena paliza, si ese es su gusto. Pero tienen igualmente el deber de respetar a quienes se fajan los pantalones y hacen frente a las fuerzas represivas del Estado.
Analicemos ahora dos cuestiones vitales dentro de estos movimientos: El respeto a las leyes y su pacifismo.


Objetivos equivocados conducen a emplear métodos equivocados

Hablar de hacer las movilizaciones y acciones siempre “dentro del marco de la ley” es un contrasentido terrible: pedir permiso al gobierno para protestar contra el gobierno no es precisamente la mejor forma de hacer que una causa triunfe.
Si encerramos a una persona en una habitación y le decimos que es libre de moverse dentro siempre y cuando no se salga de la habitación, tal persona no puede decirse jamás libre.
Las leyes están hechas siempre y en todos los países no para evitar el crimen, ni siquiera para castigarlo del todo, sino para perpetuar el sistema que permita la ejecución de tales crímenes. Para perpetuar el sistema en sí y no en defensa de nada ni de nadie que no sea el sistema.
¿Cómo pues, se pretende que se mejoren las condiciones del pueblo obedeciendo a las leyes, cuando son esas mismas leyes las causantes de la desgracia de todos?
El gobierno del cual se quejan es el encargado de vigilar por la aplicación (7) de las leyes; luego estas leyes sirven al gobierno (y a su vez le legitiman como órgano) para la defensa de éste sistema; éste sistema y éstas leyes permiten al gobierno la aplicación de cuanta reforma haga; luego esas reformas van siempre encaminadas a proteger a las clases privilegiadas y a empobrecer todavía un poco más al pueblo trabajador.
Ahora bien, y hablando del pacifismo, atacar las leyes o luchar al margen de ellas tiene sus consecuencias: las fuerzas represivas del gobierno, policía o ejército, están precisamente para asegurar por medio de la fuerza el respeto a las leyes y a sus patrones los capitalistas. En toda la historia humana donde ha existido el gobierno (8) no ha dudado éste en masacrar a las poblaciones que se rebelan contra sus leyes, aunque tan solo sea para reformarlas.
¿Cómo se pretende entonces que se respeten las leyes para remediar unas condiciones sociales que las mismas leyes permiten y fomentan?
Luego, y si hemos comprendido que toda lucha por una transformación social debe luchar no sólo contra los privilegios, sino por encima de las leyes mismas, entenderemos que una transformación de la sociedad no se hará con actos pacíficos, por lo cual el pacifismo me parece que ya queda por descontado. Y al decir transformación de la sociedad no decimos maquillar la esclavitud, sino arrancarla de tajo.
Se entiende entonces que promover una lucha obedeciendo a las leyes del Estado, pidiendo permiso a éste para luchar y adelantando que son materia dispuesta a ser golpeada sin ofrecer respuesta es promover una lucha destinada al fracaso.
Una lucha que como mucho logrará desgastar y cansar a quienes de manera sincera participan deseando cambiar las cosas. Un desgaste de fuerzas es lo único que esos movimientos generan.


La errónea convocatoria a los actos de estos movimientos

Al margen de los logros que hayan podido tener (si es que los han tenido y si es que a eso se le puede llamar “Logros”), es una cosa la que me llama mucho la atención: la forma en que se hacen las convocatorias.
Estas siempre se hacen bajo las premisas de anunciar a los cuatro vientos la épica frase que se ha hecho tristemente famosa en las movilizaciones de estos movimientos: “Somos pacíficos. No deseamos la violencia”
A mi parecer esto es un error terrible.

- Pensemos primero cómo sería una convocatoria de manera violenta: al ser las redes sociales una de las principales herramientas de convocatoria de estos movimientos, y teniendo siempre en cuenta los espías que los gobiernos insertan en todas las luchas sociales, se comprende fácilmente que el gobierno sabrá con anticipación al acto la naturaleza del mismo, y que eso tendrá por corolario un fuerte operativo policial, detenidos, golpeados, etc.
Es entonces un desatino anunciar una concentración de carácter violento.
Pero si es un desatino anunciar la violencia, anunciar el pacifismo es un acto propio de dementes:

- Pensemos como la policía: pese a ir protegidos físicamente saben que se arriesgan a recibir golpes. Sus escudos y otras armas no son suficientes ante una masa de gente dispuesta a todo… pero todo eso cambia cuando aquellos a los que van a enfrentar se agachan sumisamente y declaran con un orgullo difícil de comprender “No deseamos la violencia”
Es entonces cuando el policía endereza la espalda, alza la frente y se alista para ir a partir cabezas ante una masa inerte que no se defenderá.
En lugar de sentir los nervios normales de un enfrentamiento se sienten tranquilos, no hay peligro para ellos… eso será un paseo donde se ensañarán cuanto puedan al saber que no obtendrán respuesta. Quedan de esta forma muy bien con sus patrones los capitalistas, pues han cumplido bien con las órdenes de mantener a raya a los manifestantes ¿Pero no son los propios convocantes quienes por adelantado le han dado la victoria a la policía? ¿No hay cierta complicidad en ello? ¿Acaso la saña de la policía no haya su principal soporte en que los manifestantes anticipadamente se han derrotado a sí mismos en la lucha con la tan cantada, gastada e ineficaz (ineficaz si se propone transformar las condiciones actuales en que se encuentra el pueblo) “Resistencia pacífica”?
Tanto decir que se trata de un acto violento es malo, como declararse pacífico es dañino. El uno acarrea la represión, el otro pone la cabeza de los asistentes a los actos ante las bestias de los cuerpos de policía.
Deben ser las circunstancias las que determinen el momento, y no otra cosa.
Puede quedar muy bien y al estilo Gandhi sacar un panfleto o una convocatoria pacifista, pero en los hechos es una herramienta de lucha que hasta ahora no ha servido sino para que esas masas que no están concientizadas (todo parece indicar que no lo están; de estarlo no serían pacifistas) de a quienes se enfrentan sean masacradas ya que lo hacen con métodos tan fuertemente erróneos que a veces hacen pensar que son preparados anticipadamente para que la policía de una muestra al pueblo de su “fuerza”; fuerza que, tenemos que decirlo, no se debe al cien por ciento al adiestramiento que reciben, sino a la complacencia en ser golpeados que demuestran los asistentes.


La espectacularidad de la lucha como medio de lucha ineficaz

Lo primero que viene a la mente cuando vemos que las convocatorias no son para meter presión en las calles o fuera de los parlamentos y demás edificios del gobierno, sino simple y llanamente para sentarse, hacer ruido, alzar las manitas diciendo “Éstas son nuestras armas” cuando les golpean y llevar máscaras de una conocida película inglesa, es que más que manifestaciones de protesta parece que todo está pensado más en hacer un espectáculo ante las cámaras de televisión que realmente parar los pies a los dominadores del pueblo.
Nada falta en el espectáculo: estudiantes de verborrea que se venden luego a quienes dicen combatir (9), máscaras de Guy Fawkes, alarde vergonzoso al pacifismo y claro, no falta tampoco quien se pierda definitivamente de la realidad y regale flores… a los que le esperan armados como robots y dispuestos a abrirle la cabeza a golpes. Tampoco falta el que se siente Gandhi y pretende que dando un abrazo a un policía, o alzando las manos, detendrá la violencia de la policía.
Para más inri y si estas actuaciones no fueran suficientes para que al verlas por primera vez se rectificara en ese camino, hay que recordar la defensa a ultranza que hacen de las instituciones opresivas del Estado.


La lucha por la libertad convertida en lucha por defensa de los privilegios

No es para nadie un secreto el cómo estos movimientos no dudan en defender las leyes.
En España los llamados indignados no dudan en pedir la dimisión del presidente en turno, y brilla por su ausencia la carencia total de una crítica al Estado en sí, y no únicamente al poder actuante del momento.
Atacar a un gobierno o a una forma determinada de gobierno no significa en absoluto que se esté contra el gobierno en sí, es decir, como institución independientemente de qué color sea la bandera del partido que actúe dentro de ese gobierno.
Los socialistas, los marxistas, todos los izquierdistas e incluso los derechistas, los fascistas y hasta los monárquicos, todos, absolutamente todos, atacan y critican al gobierno que se encuentre en el poder.
Si es de derechas todas las ramas de la izquierda no dudan en mostrar su descontento con el gobierno; si es de izquierdas el gobierno, la derecha hará ver las ineptitudes del gobierno actuante.
Los derechistas vanagloriarán a Franco, al Partido Revolucionario Institucional de México o al mismísimo Hitler, y dirán pestes de la izquierda.
Los izquierdistas por su parte vanagloriarán a Fidel Castro, a Stalin o incluso al carnicero Mao, y tratarán de demostrar la podredumbre del gobierno de derechas.
¿En qué se diferencian de ellos los llamados indignados, el #YoSoy132, etc.?
Ninguno, (y se comprende que no lo hagan dado que no son revolucionarios) ni la izquierda ni la derecha y los rebeldes inspirados en Gandhi y Guy Fawkes se atreven a cuestionar la existencia misma del gobierno, y se limitan tan solo a proponer reformas para embellecer la esclavitud, hacerla más oficial o menos cruenta, pero nunca se atreven a tocar el sagrado principio de la autoridad para destruirlo.
Eso compañeros, con todas sus letras, se llama RE-FOR-MA.
¿En qué contexto nace el #YoSoy132 en México?
Nace en el contexto de las elecciones presidenciales del 2012. Nace como crítica a la descarada imposición que Televisa hizo de Peña Nieto… ¡Pero mucho ojo!
Desde que nace sus planteamientos no son en ningún momento una crítica a la evidencia de que ganara quien ganara el pueblo mexicano iba a salir perjudicado dadas las propuestas de los 4 candidatos en materia de política, seguridad y economía.
Se limitaron a criticar la imposición de Peña Nieto, dejando en un margen honroso al candidato de la izquierda, a la candidata de la derecha (que de hecho proponía continuar con la política seguida por Felipe Calderón con el resultado de más de 90.000 asesinados en su sexenio) sin preocuparse de sus propuestas y al nimio candidato hijastro de Elba Ester Gordillo.
Enrique Peña Nieto es un fascista, como sabe la mayoría del pueblo mexicano.
Pero Gabriel Quadri, Josefina Vázquez Mota y López Obrador no son ciertamente mejor que Peña Nieto… y sin embargo la lucha del #YoSoy132 iba encaminada a que en México hubiera unas elecciones “Limpias” (10), “Democratización de los medios de comunicación” (11) y cosas por el estilo.
Las declaraciones de los indignados de España a cerca de que no son “Antisistema” son bastante esclarecedoras para saber que van por el mismo camino que el #YoSoy132 en México: únicamente la lucha por nuevas reformas políticas que hagan menos descarado el expolio y abuso que sobre el pueblo ejercen los capitalistas.
Si existieran instituciones más o menos claras en sus acciones, el pueblo tuviera un mediano nivel de vida a costa de su trabajo y la miseria (que existe en todos países) no fuera tan evidente, estos organismos o no existirían o estarían trabajando a lado del gobierno para continuar explotando a las capas laboriosas… eso sí, en un medio democrático.
Exigir más democracia, como hacen estos movimientos, es otra cosa que llama la atención: exigen simplemente aquello que es lo que tiene al pueblo sometido.


Afinidades de estos movimientos con organizaciones gubernamentales:

Vaya por delante que las afinidades no siempre son recíprocas, pero sin embargo existen.
Así como estos movimientos no dudan en apoyar a las instituciones opresivas del Estado (Propiedad privada, leyes, etc.), éstas a su vez se identifican con estos movimientos a los que ven de dos maneras: o para cooptarlos y así anular el peligro de movilizaciones sociales, o simplemente para darse ellos mismos una apariencia de “liberales” al apoyar las movilizaciones.
Un ejemplo de esto lo encontramos en quienes se dejaron cooptar por el gobierno, como aquello de la “Candidatura 15M” (http://www.candidatura15m.com), o el ejemplo que pusimos anteriormente del exvocero de #YoSoy132 trabajando para Televisa. Así mismo encontramos ejemplos muy claros como aquello de los “Policías indignados”, cuya página web se puede consultar en https://www.facebook.com/policias.indignados y en https://www.facebook.com/ellostambien.sonindignados


Los gobiernos felices de la existencia de estos movimientos:

Claramente este tipo de luchas tiene características que se distinguen a leguas: la defensa de las instituciones del Estado, respeto a las leyes burguesas que subyugan al pueblo, pacifismo recalcitrante, aspiración a simples y llanas reformas.
Todo esto ¿A quién beneficia?
Hemos visto que es inútil e infantil anunciar el carácter de una movilización; hemos visto que a los gobiernos les beneficia más un movimiento fácil de encarrilar un movimiento que reprimirlo directamente; hemos visto que ningún gobierno cae con una simple sentada, o mostrando las manos al aire.
No es gratuito que la misma Iglesia Católica mexicana haya dado su visto bueno al #YoSoy132 en junio del 2012, pues saben perfectamente que mientras los movimientos sociales se limiten a respetar la ley en lugar de combatirla, a respetar las instituciones del Estado en lugar de buscar su destrucción, a pretender que el castillo estatal se va a caer a soplidos como en el cuento de niños, ellos, el clero, el capitalismo y el Estado estarán a salvo.


Rectifiquemos:

Siento si alguien se sintió agredido al leer el artículo. Mi intención no es la crítica simple, sino la crítica que nos haga avanzar juntos, pero seria y efectivamente.
No compañeros, debemos rectificar el camino: la lucha es larga, dolorosa y llena de espinas. Pero es necesario enfrentarla de manera realista si deseamos un futuro mejor para nuestros hijos, si de verdad deseamos cambiar el mundo.
Es preciso que comprendamos que nuestra lucha no debe cambiar el color del látigo, sino eliminarlo; no debemos maquillar la explotación con un nuevo gobierno, sino suprimirlos a todos.
Y cuando comprendamos eso, veremos claramente que esto es una guerra, y que las guerras no se ganan con flores, sino combatiendo al enemigo cara a cara, de tú a tú, contestando a la violencia gubernamental con la violencia revolucionaria.
Entonces, y solamente entonces compañeros, podremos estar seguros de que cambiaremos el mundo.


Salud, revolución y conciencia.




Erick Benítez Martínez.
Noviembre del 2012.


Notas:

1.- No se olvide nunca que si nuestros compañeros actuaron como lo hicieron fue siempre como respuesta a un gobierno déspota que, como buen sicario al servicio del capitalismo, asesinaba sin piedad al pueblo trabajador.
2.- Lo que con el tiempo se conocería como “Efecto Streisand” en la era tecnológica.
3.- 3ª ley de Newton.
4.- Aquí habría que diferenciar las cosas: revolución deseamos tanto los anarquistas, los marxistas e incluso los liberales y demócratas que no están a gusto con el gobierno actual. La diferencia entre los anarquistas y el resto de los demás es que mientras los otros desean una revolución política, es decir, una revolución que solamente transforme el sistema de explotación –léase reformismo-, pero sin destruirlo, los anarquistas deseamos la revolución social, es decir, una revolución que no cambie el sistema de explotación, sino que lo destruya. Nuestra revolución es, pues, una revolución social.
5.- 25 de Septiembre del 2012, durante la convocatoria para rodear el congreso que terminó en vergonzosas palizas a los manifestantes. Eso sí, con tan solo dos minutos de una honrosa acción de un par de chicos que se defendieron.
6.- Aclaraciones para compañeros no residentes en México: Tiripetio es una escuela de Morelia Michoacán en México. SSP es la Secretaría de Seguridad Pública.
7.- Preferentemente y sobre todo aquellas que atañen al respeto de los privilegios –Respeto a la propiedad privada, respeto al clero, respeto al enriquecimiento de unos pocos a costa de la enorme mayoría explotada, etc.-
8.- Decimos donde ha existido el gobierno porque aunque se empeñen los estatistas en decir que el gobierno del hombre sobre el hombre es una institución natural –es decir inherente al ser humano-, el gobierno apenas data de hace 5000 años. Antes de esto el ser humano vivió 50.000 años sin gobierno. Para más datos sobre este tema consultar mi trabajo Apuntes sobre el comunismo anarquista y otros textos, en el primer capítulo.
9.- Nota. Hay que recordar aquí la entrada el 29 de octubre del 2012 de Antonio Attolini, ex vocero de #YoSoy132 a Televisa –Sí, a esa misma Televisa que decía combatir y repudiar-, la empresa televisiva multinacional y multimafiosa contra la que supuestamente #YoSoy132 tiene declarada la guerra.
10.- Nota. No existió por ningún lado una crítica a la trampa que las elecciones significan para el pueblo. Si las elecciones hubiesen sido limpias –Que no lo fueron- y hubiera ganado cualquier candidato, #YoSoy132 hubiera aplaudido que el pueblo mexicano tuviera un nuevo tirano. Democracia y estatismo, como es la lucha de #YoSoy 132 no puede ser nunca ni revolución ni justicia. Tengamos en cuenta esto a la hora de valorizarlos como gente que pueda cambiar las cosas. Al ser su lucha un medio de defensa de las instituciones u omisión del verdadero actuar de dichas instituciones, no son más que grupos reformistas.
11.- Nota. Hace falta ser ciego para no comprender que los medios de comunicación no pueden ser libres dentro de un órgano de poder que funda su existencia en gran medida en la existencia de los medios de comunicación que moldean al pueblo para ser sumiso y callado. Y es de recalcar que quienes ignoran o fingen ignorar esto son ni más ni menos que estudiantes de universidad.

FORO ANARQUISTA

miércoles, febrero 12, 2014

El horizonte de la CNT



Categoría: Al margen Escrito por M. Suarez García

El horizonte de la cnt
Pero yo ante todo soy anarquista y luego sindicalista, y creo que muchos otros primero son sindicalistas y luego anarquistas. Hay una gran diferencia... El culto a los sindicatos es tan nocivo como el del estado, pero existe y amenaza ser más grande cada vez. Parece que los hombres no pueden vivir sin dioses, y apenas han derribado una divinidad cuando ya surge otra nueva. Si la divinidad de los socialdemócratas es el estado, la divinidad de los socialistas libertarios parece ser el sindicato."

Ferdinand Domela Nieuwenhuis1

La creciente evolución que se observa dentro de la CNT permite afirmar que el proceso culminará objetivamente en un modelo reformista de organización aunque con algunas pincelas de acción combativa. Podemos afirmar que esta tendencia evolutiva va significar la ruptura sinonímica entre CNT y anarcosindicalismo, pues ambos vocablos venían a significar lo mismo, es decir la relación sintética entre una filosofía política y social -el anarquismo- y una forma organizativa -el sindicato-. Decir CNT era lo mismo que pronunciar anarcosindicalismo. Sin embargo, pudiera ser que tal ruptura no se produzca al conseguir que el primer término de la síntesis sufra una indefinición, y sus ideas fuerza, lo que marca su identificación, pase a ser considerado una tendencia táctica más dentro de ese batiburrillo estratégico que englobaría el nuevo "anarquismo". Ejemplos no faltan Murray Bookchin, Noam Chomsky, Normand Baillargeon, etc., aparte de revistas y páginas webs que no merece la pena citar o la propia IFA (Internacional de Federaciones Anarquistas) con todo ese conglomerado de grupos que viene a certificar esa amalgama estratégica.

Juegos de lenguaje

El cambio producido en la CNT es un cambio que podríamos llamar de ideología. Pero en sentido muy especial. No es que se haya cambiado esencialmente de nada, y sin embargo el cambio ha sido sustancial. ¿Cómo explicar esta aparente contradicción? Habría que recordar aquí que los llamados “juegos de lenguaje” lo que nos manifiestan es que de uno a otro a veces las diferencias son imperceptibles. Hay parecidos de familia. Es como un montón de hilos que constituyen una cuerda o como los rasgos de semejanza en una familia. Ahora bien, por muy parecido que sea el fútbol al fútbol-sala, la diferencia en los resultados es monumental. Aceptar la rebaja o desvirtuación de los métodos de acción que le son propios al anarcosindicalismo y que determinan que lo importante no es lo que se obtiene sino cómo se obtiene, hace que aunque se apele a ellos y a todo que se quiera, la diferencia sea, en los resultados, fundamental respecto a la ideología de tiempos anteriores aún no muy lejanos. Entrar en esa vía de la rebaja o desvirtuación es aceptar, sin rechistar, que entre la cuantificación sin más y los métodos propios hay que decidirse por lo primero.

Tanto es así, que se ha generado, por carambola otro juego de lenguaje. Es el que va decir que una apuesta táctica, aunque esté alejada de la idiosincrasia anarcosindical, puede ser tan buena como la otra, y ambas son sólo eso apuestas estratégicas. Este truco, además, conseguirá movilizar todos los elementos más mezquinamente realistas, ya que de esta manera, el hecho cuantificador obtiene una excelente carta de naturaleza. Efecto, sin duda, multiplicador. Es como cuando una campana se pone a volar: todas la siguen y vibran al unísono. Pero vayamos a ese nuevo juego de lenguaje.
Puesto que la rebaja de la acción anarcosindicalista se ha puesto como valor, se vuelve a una vieja idea. Consiste en dar a hechos simples virtudes que no le pertenencen. Y así, una simple "victoria" judicial, es considerada como un hecho de acción directa, obteniendo los bienes que en otro tiempo se pensó pertenecían a las conquistas arrancadas directamente al patrón o al estado. De esta manera todo el mundo puede considerarse justificado tanto en la aceptación de la rebaja, como en la supuesta no renuncia a la acción directa. Esta estratagema obtiene sus frutos porque se da oportunidad a todos los aspectos de la ecuación. Este es el juego de lenguaje estratégico que como virtus mágica opera en la acción de la mayor parte de los adaptados al pragmático caudal demográfico.

Sindicato versus grupo de afinidad y cura de realidad

Si las anteriores manifestaciones reformistas se agarrarón, para justificar su deslizamiento, a la necesidad de darse un baño de realidad, necesidad que implicaba una lectura contraria a las tácticas anarconsindicalistas, tachando a los que la mantenian de "antiguaña ortodoxa que han perdido el pie de la historia", en el momento actual la justificación viene dada, al margen de mantener el improperio de ortodoxo, al señalar que los sindicatos no son grupos de afinidad anarquista, hecho que nadie discute, para poner el acento en lo sindical, y con ello descafeinar, aguar, hacer desaparecer, o mejor dicho adaptar lo anarco a las nuevas tendencias del anarquismo reformista2.

La referencia a la realidad no ha dejado de estar presente aunque no se haya explicitado, y con ella se han expulsado los grandes, y hasta los pequeños ideales, se les ha mandado de vacaciones sin retorno. Cura de realidad se llamó entonces, hoy es esa misma cura la que impera. Efectivamente, el realismo lo puede casi todo. Por todas partes se vuelve a oír y se instaura la vocación de arreglos, transacciones, manejos. Estos suceden a los deseos, a las apuestas, a los retos o los sueños, es la realidad la que ahora como antes, se sueña. Regresa el gusto de lo real por lo real. Más aún lo real de lo real. Sin embargo, todo este zambullido, mejor dicho, todo ese ahogamiento de realidad no les sirvió aquellos3 ni les sirve ahora para alcanzar la grandeur tan buscada, tan deseada. Hoy se retoman las mismas recetas de antaño, a pesar de que no se llega a la playa, que no existe una correlación entre la dejación de los principios y alcanzar a ser una organización con verdadera fuerza social.

No obstante, este nuevo reformismo se presenta de una manera no tan descarada, pues no se hace una dejación tan taxativa de los principios y las tácticas anarcosindicalista, éstas están ahí pero solo como mera formalidad, pues en la práctica se retuercen, adaptan, enanizan, se colocan allí donde pueda caber de todo sin que se tenga la sensación de haber perdido nada. Nos encontramos pues, ante un nuevo tipo de reformismo, donde revolución y reforma se funden de tal manera, que se puede continuar siendo revolucionario con métodos reformistas. Se niega a que se le llame reformista, pero a la vez se niega a seguir el paso de quienes no quieren hacer dejación de lo esencial4. Una tendencia desenfrenada al arreglo, a la comisión, y donde todo, de una u otra manera puede legitimarse.

horizonte cnt 4-jpgMétodos de acción y federalismo

La tendencia actual dentro la CNT está allanando el camino para que los métodos de acción anarcosindicalista sean considerados una opción electiva más entre otras, a la vez que se les despoja de sentido. Despojo que también alcanza a otros de los pilares del anarcosindicalismo: el federalismo. Esta apuesta va a suponer la emergencia de una organización burocrática sin señas de identidad, esquizofrénica y enquistada en la mera reivindicación cotidiana. Este no ser podrá, en un principio, dar lugar a un ligero aumento numérico en sus filas, pero nada más.

Métodos de acción

Desvinculados de su fin y engarzados a la cuantificación, los métodos de acción anarcosindicalistas se han convertido en un mero hecho nominal, en un soporte expositivo igual que los principios y los fines. Estos hechos han provocado la aparición de aspectos, cada vez más omnipresentes, que van ir definiendo a la CNT como una organización que no rechaza las mediaciones que puedan vincularla permanentemente a la sociedad en la que supuestamente lucha. Produciendo, así mismo, una ruptura con su comunidad de tácticas fundamentales: la acción directa, el antiestatismo, el antiparlamentarismo, el antiburocratismo, etc. Así toda táctica, toda estrategia es válida siempre que se supedite al número, dios supremo al que no hay que importunar.

Ya no se busca la unidad de acción entorno a esos métodos de acción fundamentales, que tienen un valor educativo sin par, pues nos enseñan a reflexionar, a decidir, a actuar. Que se caracterizan por el cultivo de la autonomía, la exaltación de la individualidad, el impulso de iniciativa del cual es la levadura, la independencia y la actividad del individuo. Tiro de gracia a la mediación, azote a la representatividad. Sino su vaciamiento. Para poderlos hacer convivir con sus antónimos.

La resolución institucionalizada de los conflictos originados por la oposición entre la clase trabajadora y el capitalismo, ya no se mira como un recurso no deseado que a veces se ve uno abocado a acogerse, como un mal a soportar debido al repliegue, al momento defensivo, en que actualmente se encuentra el movimiento obrero, a la debilidad del mismo, sino como un hecho normalizado, haciendo aparecer esta acción mediatizada como algo positivo ocultando su negatividad. No hay un momento reflexivo que permita encontrar aquellas rendijas que pongan en evidencia la fractura existente entre los explotados y explotadores, y sirvan para impugnar el statu quo imperante, luchas que partiendo de las preocupaciones inmediatas constituyan una base para combates ulteriores, y supongan reivindicaciones cada vez menos integrables.

Federalismo

La contraposición entre el autoritario y el libertario en la forma de aceptar la disciplina, al considerarla el primero como un medio y el segundo como un fin en sí, atraviesa todas las organizaciones humanas, pues la vida en grupo comporta la aceptación de la regla del grupo. Siguiendo a J. Martínez "teóricamente, el anarquismo ha resuelto el problema mediante el federalismo. El federalismo anarquista tiene sus raíces en reglas muy simples:

Autonomía del hombre en el seno del grupo, autonomía de los grupos en el seno de la comuna, ciudad y pueblo, autonomía de las comunas federadas en regiones según sus necesidades” (Malato). El federalismo es "unidad de fuerzas, pero una unidad salida de la convicción de cada miembro, que se apoya sobre la acción voluntaria y libre de cada grupo particular, sobre la solidaridad viva de la comunidad” (Rocker). Se acata la regla que se ha contribuido a crear libremente. "No se puede pretender, la revisión del acuerdo que a posteriori se ha rechazado. Esta práctica permite que el acuerdo adoptado no sea inamovible" (Peirats). Para Malatesta "la verdad anarquista no puede y no debe depender de las decisiones de las mayorías reales o ficticias", esta afirmación malatestiana es indiscutible y extensible a cualquier forma de conocimiento. Empero, ha sido utilizada como arma en un plano diferente a aquel que esta formulada. Pues si bien en las sociedades humanas las mayorías yerran con frecuencia, la imposición por las minorías de su verdad despoja a ésta de su carácter.

El federalismo hace compatible el acatamiento de los acuerdos mayoritarios, en cuyo proceso de adopción se ha participado, con la crítica de tales acuerdos, con la crítica de su modo de adopción, ya que es imposible excluir, citando libremente a Malatesta una vez más, que las decisiones de la mayoría que pueden haber estado adoptadas por la mayoría de la mayoría que puede bien no representar más que a una minoría; el corolario malatestiano es "que todo grupo está más cerca de la anarquía cuanto que el acuerdo entre la mayoría y la minoría es más libre, más espontáneo, e impuesto solamente por la naturaleza de las cosas"”5.

horizonte cnt 1El federalismo ha sido la característica orgánica de la CNT. En la práctica los principios federales se han traducido en un sistema de reglas complejas, no inmutables pero tampoco impugnadas omitiendo sus fundamentos o en contradicción con ellos. Todas esas reglas están siendo, de una u otra manera, subvertidas. Pero donde la degradación se ha dejado sentir con más fuerza ha sido en la introducción paulatina de una nueva significación de los comités, al convertirlos de hecho en órganos de decisión; en la nula calidad de la representación debido a baja calidad de la participación de los afiliados en la vida orgánica, en la vida de los sindicatos. Hechos que son explotados por la aparición de una casta burocrática que se va produciendo y reproduciendo dominando la vida de la organización, dando lugar a una degeneración democrática6.

La CNT, regida en su toma decisiones por la ley de la mayoría expresada mediante el voto, ha buscado la integración de la minoría, las minorías, y la aceptación responsable de los acuerdos mayoritarios, mediante 3 formas: Respeto absoluto a la minoría mediante la no negación de su voz, haciéndola ver que si bien hoy es minoría mañana puede convertirse en mayoría; la desaparición de la minoría mediante la utilización del consenso provocando la unanimidad; por último mediante la solidaridad directa entre los miembros que la conforman reforzando la eficacia externa del sindicato, permitiendo la coexistencia de militantes de distintas sensibilidades asimilables todas ellas en la lucha por la finalidades confederales (comunismo libertario)7.

Hoy las formas de integración de las minorías se han fracturado, fundamentalmente las referidas a la negación de su voz y a la ausencia de búsqueda de consenso, lo que ha provocado que la solidaridad sea más nominal que real. La adopción de los acuerdos que debería ser el resultado de un proceso razonado y abierto se ha convertido en una imposición mecánica por el sistema del voto por parte de una supuesta mayoría8.

En conclusión podemos decir que la savia de la CNT ya no viene dada por la audacia de sus iniciativas derivadas de la vitalidad de sus métodos de acción, de sus principios y finalidades. Al contrario, su remozamiento la está deslizando hacia la reproducción de la sociedad capitalista a la que se supone que combate, está transformando a una parte de sus militantes en profesionales del sindicalismo, en tecnócratas de la negociación, está segregando un aparato burocrático.

Este es el orden que se está imponiendo frente al cual se busca que no haya más remedio que plegarse o ser expulsado.

Sólo una vertebración9 de aquellos sindicatos y afiliados opuestos a este orden podrá abrir un espacio crítico que airee esta deriva más que reformista, y abra así una posibilidad de parar el vaciamiento anarcosindicalista de la CNT.



[1] Anarquista holandés (31 de diciembre de 1846 -18 de noviembre de 1919).

[2] Ver "L'effet Chomsky ou l'anarchisme d'état ", Claude Guillon. Revista Oiseau-tempête nº 9 2002.

[3]Escisionistas de la CNT que dieron lugar posteriormente a la CGT.

[4]Intento de expulsión del SOV de Madrid por negarse a expulsar a militantes de éste sindicato por gritar en una manifestación “reformistas fuera de la organización”.

[5]Corre una opinión, que en una organización de gran magnitud y complejidad el federalismo deja de ser lo que es para convertirse en una ficción, en coacción. El federalismo sólo puede darse en una organización " embrionaria, dispersa, indeterminada e instintiva más que consciente". Aunque los hechos prueben que una organización de estas características puede ser lo contrario de federalista.
No obstante una lectura atenta tanto del último capítulo del ensayo de Pierre Clastres la "Sociedad contra el Estado", donde se apunta que el aumento demográfico pudiera ser la causa de la aparición de Estado, como la de la obra de Piotr Kropotkin "Campos, fábricas y talleres", en la que se propone una reducción demográfica en las agrupaciones comunales, nos puede servir para ahondar en la relación entre federalismo, complejidad (entendida como contraria a difuso, indeterminado, etc.) y magnitud.

[6]El término democrático se emplea aquí en sentido de participación directa.

[7]La aceptación por parte de la minoría de las decisiones adoptadas por la mayoría, aunque se han respetado la gran mayoría de las veces, ha sido en muchas ocasiones (más de lo deseable) bastante problemática o nula, debido a que la minoría no ha sido tan minoritaria, y las formas de integración se han ninguneado, lo que ha provocado una gran inestabilidad dentro de la organización. Ello debería dar lugar a una cierta reflexión en el sentido que los acuerdos que no supongan una abrumadora mayoría (2/3) no deberían ser adoptados, lo que forzaría a su vez la búsqueda del consenso en la adopción de los mismos.

[8] Aquí supuesta mayoría no hace referencia al hinchamiento artificial de afiliación en los sindicatos. Doy por supuesto que el número de afiliados que los sindicatos dicen tener es el real. A lo que me refiero es que a causa de la nula participación de los afiliados en la vida orgánica, a su baja calidad formativa, a la censura que a veces ejercen los comités tanto los confederales y regionales, como el de algunos sindicatos, hace que la configuración de mayoritarias y minorías esté desvirtuada, pues el número de personas (casi siempre las mismas) que toman las decisiones, en ambos lados, vienen a ser más o menos igual.

[9]No se aboga aquí por la creación de una estructura paralela dentro de la organización, pero sí de una colaboración estrecha que permita señalar un bloque compacto opositor con trasvase de información y acción.

ADARGA